martes, 12 de mayo de 2009

Nebot: la homofobia continúa

Por tercera vez consecutiva, Jaime Nebot ha ganado la alcaldía de Guayaquil. El triunfo no parecía ser una novedad para miles de guayaquileños que abiertamente expresaron su apoyo a través del voto el día domingo 26 de abril.

Con este arrasador triunfo, estamos condenados a tener por tercera vez de manera consecutiva en el poder a un hombre que se ha ganado según él, el título de “líder” de esta ciudad. El triunfo de Nebot significa que Guayaquil tendrá doce años de Gobierno de este personaje.
Las argumentaciones sobraron luego del triunfo: él ha podido conducir esta ciudad al desarrollo, él ha rescatado el Municipio de los ladrones que sólo pensaban en robar, él ha embellecido la ciudad hasta en los barrios marginales, él ha hecho la Metrovía, y así: un sinnúmero de obras que muchos ciudadanos y ciudadanas reconocen y lo presentaron como justificativo suficiente para dar el voto a Nebot.

Desde luego que esta obra física no se puede negar, es más, su beneficio, especialmente en lo concerniente a la transportación pública reflejada en la obra de la Metrovía, es algo indiscutible. Discrepar en cuanto a esto con los simpatizantes de Nebot no tiene ningún sentido para quienes tenemos la capacidad de mirar más allá de una obra física.

El triunfo de Nebot no estuvo exento del voto dado por muchos compañeros y compañeras gais, lesbianas y transgéneros. Esta afirmación la hago por cuanto en días previos a las elecciones conversé con muchas personas GLBT, quienes me dijeron que su voto lo darían a Nebot porque no habían tenido ningún tipo de discriminación por cuanto se sabían comportar muy bien en las zonas públicas y no actuaban como las “típicas locas escandalosas” que dan oportunidad para que les llamen la atención los policías metropolitanos o los guardias del Malecón 2000 y del Salado.

Ante esta afirmación (la cual discrepé por supuesto), les pregunté a qué se referían cuando hablaban de “locas escandalosas”, y me supieron decir que hablaban de “aquellos “maricones” que se visten de manera ridícula y que llaman la atención a los hombres en los baños del Malecón, y que por lo tanto hacían quedar mal a la comunidad GLBT porque piensan que todos somos así”.

Este criterio que escuché, me hace pensar en cómo la homofobia que se manifiesta en muchos homosexuales, ha logrado que este odio se siga justificando en los funcionarios de este gobierno local represivo. Si los que están en el “closet” creen recibir beneficios directos del Alcalde, porque asimilan el discurso heteronormativo de no parecer gais ni lesbianas sino gente “normal”, entonces deberían quedarse bien guardados y no reproducir más homofobia con sus comentarios.

Tal vez muchos homosexuales (hombres y mujeres), no creen que las políticas de coartación de los derechos ciudadanos en esta ciudad les afectan, tal vez piensan que tener un supuesto “trabajo seguro”, donde nadie sabe lo que son les permite darse el lujo de no ser discriminados, y por eso consideran que quienes nos visibilizamos somos escandalosos y ridículos.

Esta arrogancia fatua de muchos homosexuales, es la que no permite que en esta ciudad se logren cambios y que de una vez por todas no se siga violentando nuestros derechos. Acaso no se han preguntado alguna vez, ¿bajo qué ley, los personeros municipales se permiten juzgar la actitud y comportamiento sexual o de identidad de género de miles de ciudadanos que vivimos en Guayaquil?

El avance conseguido en la Constitución de hacer prevalecer el derecho a la no discriminación por orientación sexual y de incluir además el de identidad de género, parece no significar nada para muchos homosexuales. Tal vez piensan que eso fue algo ganado porque los de Alianza País quisieron ponerlo, y su ignorancia no les permite reconocer la lucha que tuvieron que enfrentar los activistas del país para lograrlo.

En este nuevo panorama político que vive el país, con una Asamblea constituida por una mayoría gobiernista y con una oposición equilibrada, solo resta continuar en la lucha sostenida desde hace doce años por activistas que iniciaron esa conquista y por quienes nos hemos venido sumando actualmente. Otros seguirán esperando cruzados de brazos poder vivir algún día como en Holanda, y continuarán dando su voto a Nebot porque “saben comportarse bien” en la ciudad.