
La resignificación de una palabra que ha causado dolor durante muchos años a través de la historia a muchos homosexuales, ha sido el interés permanente de muchos académicos y activistas que han realizado este intento.
Aludiendo a la performatividad como una teoría compleja que pretende mediante los actos reiterativos del lenguaje hallar un significado en relación con la historia, puedo mencionar que la tarea de transformar lo queer en una palabra reivindicativa implica cuestionar los postulados en relación a la categoría género.
Aludiendo a la performatividad como una teoría compleja que pretende mediante los actos reiterativos del lenguaje hallar un significado en relación con la historia, puedo mencionar que la tarea de transformar lo queer en una palabra reivindicativa implica cuestionar los postulados en relación a la categoría género.
Desde mi punto de vista, un término inglés como queer, adquiere otras formas de interpelación e injuria en el equivalente español: extraño, raro o simplemente maricón. Cuando alguien menciona maricón, alude no sólo a lo que se sale de la hombría masculina, sino también a la cobardía, algo impensable para un “verdadero hombre”, además de la carga injuriosa relacionada con lo perverso, anormal, sucio y antinatural.
El reto de poder resignificar la palabra maricón, es algo que adquiere una complejidad enorme dentro del contexto social en el que hemos crecido, y para quienes la hemos escuchado desde niños. El dolor de ser llamado marica, mariquita o maricón es enorme, pero, ¿es posible producir una resignificación de estas palabras?
Cuando se desplazan el estigma y el dolor a un significado que rescate mediante la historia una nueva forma de asumir la palabra maricón, se logra la resignificación. El acto recurrente de las palabras dichas por quienes pretenden ofender al llamar a alguien maricón, podría ir calando en la mente de quien la escucha hasta encontrar esa posibilidad de reinventarla.
No sólo se logra resignificar maricón mediante el acto repetitivo de quienes la dicen, sino más bien, es desde el acto de cada individuo que logra a través de sus actos corporales decir que se siente bien siendo maricón. La complejidad académica de la teoría de la performatividad que busca explicar la resignificación de lo queer, adquiere sentido cuando se piensa en lo que una persona puede llegar a ser a través de los actos corporales que signifiquen una forma de hacer política para reivindicar el ser maricón desde un sentido no peyorativo.
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